Realmente nadie nos enseña a gestionar las emociones incómodas y, por el contrario, hasta se nos rechaza al expresarlas.
A la mayoría de nosotros nunca se nos enseñó a sentir, a saber cómo comportarnos ante las emociones incómodas. A muchas personas incluso se les reprendió en ese momento durante su infancia, reprensión debida a la propia incomodidad de los padres o tutores que tuvieron, los que realmente no sabían cómo actuar de manera más adecuada en esos momentos, mas que posteriormente les hizo a esos niños desconectarse de su propio mundo interior, verlo como algo vergonzoso y siniestro que había de ser ignorado y tapado a toda costa.
La próxima vez que sientas una emoción incómoda (incómodas son al fin y al cabo y no malas o negativas), siéntela en toda su dimensión como la alerta que es, como el mensaje que te está enviando tu propio cuerpo y no como una enemiga de la que hay que huir, ya que de esa forma sólo estarías inyectándole sufrimiento extra a esa situación, ya de por sí poco grata. Sólo cuando tu cuerpo entiende que has recibido y comprendido correctamente el mensaje implícito en esa emoción, vuelve a la calma.
Estas emociones son algo natural que nos pasa a todos y no es nada vergonzoso sentirlas porque son tu sentir, es quien eres realmente y no quien crees ser, es tu inconsciente mostrándose ante ti. Entiende tu emoción poco grata o incómoda, atiéndela y escúchala, pues si la ignoras o rechazas, será como el bebé que se frustra ante la falta de atenciones de sus padres y se siente abandonado y desconsolado. Verás como, si es incómoda, pronto dejará de incomodarte y volverás a la calma y paz interior mucho antes de lo que esperas. Ten también presente que esa emoción incómoda te está hablando de ti mismo, así que es una oportunidad para conocerte mejor, para saber tus necesidades y anhelos, tus miedos, y poder ponerles presencia, luz y empezar a solucionarlos (para desenredar un nudo hay que saber antes como está hecho). Alégrate a partir de ahora de tener esos momentos, porque te están ofreciendo oportunidades preciosas para conocerte mejor y más profundamente cada día; y para ello, para aprovechar estas oportunidades correctamente, debes observarte como si fueras una persona ajena a tu cuerpo y sobre todo a tu mente, mas sin criticarte, ni juzgarte, tan sólo obsérvate por dentro como quien mira las nubes pasar, de eso se trata la auto-consciencia. Solamente podemos aprender cada situación y comprendernos verdaderamente a nosotros mismos si nos miramos desde una posición que no emite juicios ni críticas, que no se muestra ni a favor ni en contra, que no clasifica lo que ve, siente, que solamente observa lo que hay y no lo que “debería” haber o no. Entiéndelo como algo que es natural y usual en la vida de cada persona y verás como ya no resulta tan fatal ni tan doloroso como antes, el sentir ese tipo de emociones.
Cuando aprendas a mantenerte en calma en esos momentos, cuando los veas y los sientas con naturalidad, no resignándote a esas emociones ni repudiándolas, ni forzándote a tener que poner buena cara o “ser positivo” por no crear “mal ambiente”, por temor a sentirte débil, o porque creas en la falacia de que “lo que se espera de ti” es que estés bien siempre. Entonces, podrás ver como inmediatamente, tu empatía y comprensión del mundo emocional de los demás también aumenta, puesto que no podemos ver en los demás lo que no vemos en nosotros mismos primero. Siendo así, podrás servirles de gran ayuda en sus momentos incómodos, porque los comprenderás perfectamente.

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