No hay día nublado que entristezca a quien está bien. Sí el alma está en orden, todo es más fácil de administrar. Sí estamos iluminados por dentro, ninguna oscuridad nos asombra. Uno acaba encontrando una solución para todo, con una sonrisa y dentro de lo posible.
Cuando encuentres a una persona cuya irritabilidad sea desproporcional a lo ocurrido, ten la seguridad de que está viviendo un caos interno y que sólo aprovechó aquella situación para extravasar un poco la tormenta que vivía en el alma. Personas heridas, hieren. Personas sanas, curan. Cuando una persona herida choca con una persona sana, puede ocurrir algo maravilloso. La primera, sí es acogida, será desarmada, en el sentido de retirar la máscara del odio y mostrar la realidad: un alma que sangra. Es que, por lo general, sólo desean que alguien las mire en los ojos o las escuche y les diga: "la vida no es fácil, yo te entiendo, realmente no es fácil".
En cambio, sí una persona herida se enfrenta a otra, también lesionada, la situación tiende a agravarse. Habrá, en ese caso, una disputa de quien es más grosero y de quien lastima más. Será una verdadera arena de luchas, de la cual, ambas saldrán más lastimadas que antes.
Por fin, queda claro, nuestra reacción ante las circunstancias apenas revela lo que traemos de equipaje en el alma. Y ese equipaje depende exclusivamente de cada uno.
Dedícale tiempo a tu bienestar mental y espiritual. Es encontrando el equilibrio entre ambos, que hará que nuestra existencia sea feliz y llevadera.