martes, 20 de marzo de 2018

¿Puedo recomenzar?

Esta es una pregunta que todos alguna vez ya nos hicimos...
Uno de los mayores disgustos que una persona puede tener es la imposibilidad de volver en el tiempo, cuando se quiere volver. Retornar a algún momento importante, retroceder en algunas decisiones. Hacer diferente y retroceder sobre cosas que consentimos o por las que no tomamos acción. Algunas veces decir y otras veces, callar. ¡Ahora ya fue!, el tiempo pasó, la oportunidad pasó, no se puede más. 
El arrepentimiento hace pensar en lo que debe hacerse ahora, lo que podría haberse hecho antes, lo que todavía podemos hacer y lo que realmente queremos hacer. Reflexionamos sobre posibilidades, ya con los pies en la tierra sobre voluntades. ¿Qué sobresale? Tenemos un cofre lleno de sueños no realizados dentro del pecho. Tenemos una caja llena de remordimientos guardados en la memoria. Pero, ¿y qué? ¿Cargar ese peso por toda la vida? ¿Para qué? Las horas perdidas no se recuperan más, pero el mismo reloj en el que pasa el tiempo, dice que otras horas aún vendrán, como tiempo de reparar errores cometidos. ¡Entonces corrijamos!
A veces, la vida nos prueba. A veces parece que no somos lo suficientemente buenos. Hay días en que todo parece ser tan difícil. En varias ocasiones estamos perdidos, creyendo en versiones irreales que creamos de nosotros mismos. Perdidos en ilusiones reales de quienes pensamos ser. Aprendamos esto: Prefiere tu versión real. Sin vestir sueños que no te caben más. Aprende a reconocer dónde estás, que quieres, y a dónde quiere llegar. ¡Mira el horizonte, está allí! Sigue adelante, sin preguntar por qué.
Lo que vale la pena es aprovechar la inmensidad y la profundidad del mar para lavar el cuerpo y no para ahogar el alma. Aprovecha todas esas respuestas que la vida te ofrece. Uno piensa demasiado en las preocupaciones, cuando deberíamos vivir más sin tenerlas, conviviendo con esperanza, paz y amor. ¡Descubre, como es hermoso cuando eso sucede! Escucha la voz de tu corazón, es ella quien te guiará, es ella quien te dirá donde está tu felicidad. Puedes recomenzar siempre que lo desees. No escuches al mundo, pues son pocos los que quieren aplaudir. No escuches al miedo, ni a las incertidumbres, que sólo quieren hacerte desistir.
Escúchate a ti mismo, oye la voz de quien con certeza te ama. Escucha tu profundo silencio. En él están todas las llaves y respuestas, todas ventanas y puertas, todas las direcciones y caminos. Sí aprendes a escuchar con sabiduría, descubrirás en tu silencio la voz más bella que puede venir de ti, descubrirás dentro de ti mismo el mejor consejo que podrás oír. Descubrirás que recomenzar es siempre preciso.





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