La alegría es el don más preciado del universo, el más autentico, el más espontáneo, el único que se da sin esperar nada a cambio, solo por el placer que provoca, no es egoísta ni envidioso, no lastima sino que se contagia.
La alegría tiene el poder de sanar al enfermo, consolar al que se siente vacío y despertar al que muere en vida; es tan deseada, que los seres humanos, con tal de poseerla, son capaces de pagar cualquier precio y confundirla con el placebo que dan los vicios y se olvidan de que la auténtica alegría está simplemente en percibir todas las cosas bellas que nos regala la vida, día a día.
A la alegría no tienes que buscarla, tú ya la conoces...
¡No dejes que nunca se vaya de tu lado!

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