martes, 20 de marzo de 2018

¡Hay que liberar!


Hay días en que somos como una casa triste, nos quedamos con las ventanas y cortinas cerradas, nada consigue adentrar en nuestra alma, nada nos hace mostrar la belleza que poseemos. Las ventanas de nuestro cuerpo cuando abiertas posibilitan entrar la luz, dejan la brisa fluir y nos hacen tener vida. Sí están cerradas, nadie ve nuestra sonrisa, ni descifra nuestra mirada o escucha y percibe lo que está en nuestro corazón.
Necesitamos abrirlas, y en la esencia de nuestro ser dejarnos envolver por la realidad optimista.
No todo es bueno todo el tiempo, más aun sí encerramos los problemas dentro de nosotros mismos. Hay que liberar esa mala energía, dejar salir y así liberar para desocupar nuestro espíritu. No seamos como una casa triste, dejemos las ventanas abiertas y permitámonos descubrir el bien que habita en cada uno de nosotros! somos seres supremos que nos expresamos por el alma, y ​​nuestra tarjeta de visita es la ventana del Espíritu, abierta para mostrar al mundo nuestro bien, nuestra cara y nuestro corazón.
Incluso en días malos tengamos fe y sonriamos. Y por el brillo de esa sonrisa y por la fuerza de la fe es que nuestras ventanas quedarán constantemente abiertas e irradiando felicidad y luz!

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