Lo que muchos de nosotros necesitamos en esta vida es aprender a caminar con nuestras propias piernas, y entender que, por encima de todo y todos hay una fuerza divina y perfecta que nos acompaña, nos protege, nos libera del mal, nos bendice y nos ayuda vencer cualquier adversidad. Si, tan sólo en Él está nuestra confianza y fe.
En este mundo en el que vivimos, hay quienes nos aplauden y nos desean lo mejor, que están a nuestra disposición en oración y amor. Mas también hay quienes ponen el pie bien delante de nosotros para vernos tropezar, pero esos son minoría delante de la multitud que se levanta a nuestro favor. No estamos aquí para agradar a todos, no estamos aquí para juntar platea o tener gente extendiendo alfombras. Estamos aquí para vivir, para hacer lo que es bueno, para llevar las buenas nuevas a los corazones que necesitan una palabra amiga, de un hombro amigo, de una sonrisa sincera y de alguien que los haga entender que nada es tan precioso como el estar bien con nosotros mismos y con Dios. Si, ama cuanto puedas, valórate lo máximo que puedas, sin esperar del otro lo que tú puedes ofrecer. Cuanto más nos cuidamos más fuertes y optimistas seremos, cuanto más nos llenamos de fe más valientes y confiados estaremos. No te dejes caer por nada, no te dejes entristecer por una ofensa, una crítica destructiva, una afronta o una decepción, porque las cosas se arreglan a medida que nuestro corazón decide ponerse de pie y luchar por lo que tanto anhela sin atentar contra aquellos que sienten que viven en un lugar donde no hay nada que hacer.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario