Muchas personas confunden ser bueno con ser tonto, es decir, creen que quien hace buenas obras por los demás pierde el tiempo con los demás, en lugar de mirar su propio ombligo. En la dirección opuesta, hay personas que son buenas para quienes las rodean, pero que son "demasiado buenas" y, en este sentido, son tontos de quienes tratan de ayudar.
Lo que podemos considerar bueno es ayudar a los demás, ya sea una acción pequeña o una actitud que podría tomar años (como donar una parte de lo que se gana cada mes). Aunque la bondad se puede debatir bajo el sesgo de la filosofía, para nuestros propósitos, la bondad aquí se entiende como altruismo, dedicando una parte de sí mismo, su tiempo y sus recursos, a la sociedad o a una persona que está cerca.
En cambio, ser tonto significa, por otra parte, ser engañado por alguien que usa, consciente o inconscientemente, la buena voluntad de alguien en beneficio de si mismo.
Quien piense que para ser bueno tiene que hacerlo todo, por lo general no sabe decir que no. Tiene problemas para ser asertivo, imponer límites y, en ciertos casos, luchar, porque piensan que sí lo hacen, lastimarán a las personas que aman. Decir que no, sería contra esta predisposición a no poder manifestarse.
Ellos no pueden decir, "No, hazlo tú". "No, pruébalo tú mismo".
En principio, es bueno ser bueno, ayudar, contribuir. Mas también es sabio ser bueno con uno mismo y, a veces, "darse prioridad" y decir no. Es importante saber cómo establecer nuestros propios límites. Como dice un sabio refrán popular: "No tiene sentido descubrir a un santo para cubrir a otro".

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