La vida enseña que, aunque tengamos el libre albedrío, no podemos tener el control absoluto sobre nuestras vidas. Hay circunstancias traídas por factores externos y el diferencial se encuentra en la postura que asumamos ante ellas. Por más que el marinero tenga el timón en las manos, no siempre va a prever un mar agresivo. Seamos agradecidos.
He oído decir, que no hay experiencias buenas y malas, pero si buenas o muy buenas. Las buenas, a veces, son aquellas que nos hurtan las sonrisas, pero nos remiten a una evolución donde estamos obligados a "mirar hacia adentro", corregir fallas y acertar los pasos. Las muy buenas trayéndonos la certeza de que la dirección tomada es segura.
Entonces, veamos los días nublados con los mismos ojos que vemos los días de sol. No nos quejemos más, porque sólo de abrir los ojos y tener salud, nuestro día ya empieza a valer la pena!

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