Creo que el verbo desistir es bastante mal interpretado en nuestro cotidiano. Esto porque, sugiere, aunque superficialmente, una connotación de debilidad y fracaso al sujeto que lo conjuga. Sería el sentido opuesto de proseguir o persistir. Sin embargo, necesitamos mucha cautela al oír a alguien hablar de sus desistencias. Cautela en el sentido de no interpretarlo de forma equivocada, pues muchas veces, desistir fue su mayor acto de bravura.
Se engaña quien, apresuradamente, piensa que quien desistió fracasó. No siempre es verdad. Desistir también puede ser una actitud heroica, pues al final, detrás de algunas desistencias hay mucho de altruismo, intento de rescatarse y, principalmente, un deseo genuino de ser feliz.
Desistir, de algo o de alguien, nunca fue fácil y nunca lo será. Por más aversivo que sea el contexto, uno se percibe preso a él, como una araña en su tela. Recomenzar es asombroso en el sentido de que, a veces, somos vulnerables, solitarios, sin apoyo y socialmente "apedreados". Sólo los fuertes consiguen desistir de lo que les perjudica. Desistir de los vicios, desistir de las actitudes auto-destructivas como los abusos alimentarios, desistir de la pereza de ejercitarse, renunciar a esconderse en la sombra de alguien y mostrar su propia personalidad, en fin, son tantas desistencias heroicas, ¿no?
De hecho, la desistencia nos salva todos los días, así como nuestras elecciones. Y es un alivio entender que, mientras estamos vivos, podemos perdernos y encontrarnos en ese enmarañado de elecciones y desistencias. Y así ir bordando nuestras propias historias, sin jamás desistir de creer que somos capaces de encontrar aquello que hace nuestra alma sonreír con autenticidad.
AnaCe Gonzales-Coach
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