Nuestras elecciones y decisiones son reflejo de quienes somos. Lo que escogemos, determina lo que vamos a vivir, y con quién vamos a convivir. Lo que decidimos, lo que permitimos, es lo que sucede y continúa. Así de simple. Si, porque no hay culpas, lo que hay son consecuencias, pues la siembra es opcional, mas la cosecha es obligatoria.
No hay que esperar una cosecha de flores sí se está plantando espinas. No esperemos una respuesta positiva de la vida y del Universo, sí estamos constantemente reclamando y emanando negatividad. Reclamamos que queremos una vida mejor, que necesitamos ganar más dinero, pero nos negamos a ir más allá, no aceptamos, ni por un segundo, abandonar nuestra tan amada zona de confort, no nos arriesgamos, no estudiamos, no aprovechamos las oportunidades que el Universo distribuye en nuestro camino, y luego reclamamos que no tenemos suerte, que la vida es dura e ingrata. ¿Tiene sentido?¡No y no!. Deseamos ser amados pero no nos esforzamos para ser mejores. Queremos alguien perfecto pero no trabajamos en las propias imperfecciones. ¿Eso no es irónico? La verdad, es que, pueden tomarse el tiempo que quieran para aceptarlo, pero están viviendo la vida que eligieron vivir a través de sus actitudes, percepciones y elecciones. Entonces, sí algo no va bien, la única persona que puede cambiar eso es uno mismo. Y sólo para que conste: reclamar, murmurar y encontrar culpables y excusas, no resuelve, no cambia, no mejora nada. Reflexionemos y decidamos. Al final, el libre albedrío es un derecho todo nuestro.
AnaCe Gonzales-Coach
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